Emerge como un símbolo que reúne memoria, territorio y espiritualidad. La máscara central, construida mediante hilo retorcido sobre soga y fibras naturales, evoca a los ancestros como custodios de saberes y relatos transmitidos a través del tiempo. El tocado de chalas de maíz proyecta la imagen del sol, fuente de vida, fertilidad y renovación en las cosmovisiones andinas.
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